miércoles, 1 de febrero de 2017

A los pequeños del Nido. A los Neonatos.

No sabria explicarlo. Ellos simplemente me miran, o lloran, o se quedan quietos agarrándome un dedo.

Ellos no me juzgan, no me rechazan, no dudan de mi. Saben que haré lo posible para que estén bien. Que los cuidaré como si fueran de mi sangre, que los querré...durante el tiempo que estén entre mis manos. Que serán prioridad.

Ella, concretamente ella, me ha destrozado el alma como ninguna otra mujer. Con sus ojos que aún no han cumplido una primavera, sus manitas aferradas a las mías y su silencio, cuando estoy a su lado. Ella.

O él, tan vulnerable. Apenas a comenzado a respirar y ya le cuesta hacerlo. Con sus quejidos suplicantes, su agitado malestar y mi preocupado terror. No quiero que le pase nada malo, no quiero que sea así. Quiero que esté sano, que llore, que grite, que coma, que respire el aire vital que necesita. Él.

Y de nuevo ellos. Que convierten una mañana de mierda, en el mejor día de mi vida. Que me dan la energía que me falta, pese a dormir poco. Que me hacen feliz, que me hacen sentir. Ellos.

Esta entrada la escribo tras uno de los días más emocionales que he pasado en Neonatología. Hoy, una de las pequeñitas que estaban en el Nido no paraba de llorar. Desde el primer momento que la oí y que me acerqué a ella, sabía que había una conexión entre ambos.

Sólo tuve que darle mi dedo, que aferró con su pequeña manita y se quedó calmada. Quieta, silenciosa, anonadada. Y su mirada me atravesó el alma como un puñal. Esta pequeña simplemente me agarró con fuerza, y se quedó mirándome. Dos pozos negros de infinita belleza.

Fue tan visceral y tan intenso lo que me hizo sentir, que tuve que intentar desprenderle su dedito...pero ¡no podía!. Lo estaba sujetando con fuerza y me daba miedo de soltarla. En fin. Me alegro mucho de estar en Neonatología y de hacer este trabajo...al menos durante un tiempo de mi vida. Si por lo que sea el MIR no me va bien...siempre recordaré estos momentos.

Mientras tanto, toca seguir disfrutando del día a día con los neonatos. Toca seguir disfrutando de mis últimos meses de libertad antes de la lucha contra el MIR. Hay que dar lo mejor de uno mismo, para que en el futuro, los mejores seamos los que cuidemos de estos pequeños.

domingo, 29 de enero de 2017

Querido yo del futuro: ánimo con el 2MIR18

Cuando leas este escrito estarás neurótico, cansado, nervioso. Quizás lo leas cuando estés a pocos días de celebrar tu examen MIR. Quizás lo leas en el camino hacia esta gran prueba. Quien sabe. Lo importante es que lo leas y te des cuenta de todo lo que ha ocurrido.

A partir de este momento te quedan 364 días para estudiar. Varias semanas en las que dedicar lo mejor de ti mismo a buscar una plaza en aquello que quieres. Un tiempo en el que competirás contra ti mismo y contra el resto de tus compañeros. Si quieres ser pediatra, es lo que toca.

Ya no hay nada ni nadie que te separe de la próxima convocatoria MIR. El 28 de Febrero de 2016 (ayer) se presentaron tus compañeros, tu promoción. Tú esperaste nervioso a que salieran de esas horribles 5 horas de examen, para saber qué tal había ido.

Tus compañeros, tus amigos, incluso tu pareja, ya se han enfrentado a este reto y han sido capaces de sobrevivir. Con mejores o con peores resultados, se llega a meta. Ese será el primer paso que deberás tener claro: lo importante, es ser capaz de llegar y de hacerlo lo mejor posible.

En los próximos meses te enfrentarás a un frenesí de sentimientos. La soledad será tu peor enemiga, y te acompañará hasta el día del examen...pese a que en ningún momento estarás solo. La desilusión será otro caballo de batalla a conquistar, pero tranquilo...estudiando, se consigue.

Querido yo del futuro, si has sido capaz de sobrevivir a una carrera como Medicina, si has sido capaz de vivir una etapa tan intensa, tan dura y exigente, saliendo "más o menos" indemne de ella...¿por qué no vas a ser capaz de lograr hacer un buen MIR? Todo depende de ti.

A todos, queridos yo del futuro. A todos los que lean esto: luchad, creed y jamás os rindáis. Ellos, al igual que otros cientos de miles ya han pasado por este calvario, y lo han conseguido. Ahora es vuestro turno. Hoy comienza vuestro camino para ser medicoblastos.

Pero hasta entonces...recuerda disfrutar de tus últimos meses en la carrera de Medicina. Recuerda disfrutar con cada una de las prácticas que realices (serán las últimas, hasta después del MIR), recuerda vivir experiencias que te ayuden a afrontar el examen y sobre todo, recuerda rodearte siempre de buenas personas que quieran estar a tu lado incluso en la adversidad.

Querido yo del futuro...¡Comienza el 2MIR18!

martes, 24 de enero de 2017

No te olvides del rumor de la sirena

Día intenso, día de aventuras, día de trabajo. Un día que espero no poder olvidar y que por ello quiero dejar por escrito. Un día donde he seguido aprendiendo sobre la Neonatología y donde por primera vez, me he montado en una ambulancia para hacer un traslado de hospital.

Como cada día, a las 7 de la mañana me despierto y empiezo a prepararme. Tengo que desayunar, vestirme y espabilarme. Tengo que estar en óptimas condiciones delante de mis bebitos. A las 8.30 llego a la planta. Sólo la enfermera y yo somos los que somos a esa hora.

Al rato llegan el resto de médicos, algunos de los cuales me dicen que soy "madrugador". ¿Cómo no serlo? Con la motivación que me aporta aprender de los bebés, vale la pena. En ese intervalo me da tiempo de anotar el nombre de los bebés que nos toca visitar, su día de nacimiento, su peso al nacer y los días que llevan en planta. Especialmente importante los nuevos "ingresos".

Cada día me enamoro de un nuevo pequeñín o bien me reenamoro de los del día anterior que aún permanecen allí. Samuel, Sara, Luigi, Titti, Giuglia, etc. Todos ellos tan pequeños, todos ellos tan precioso, todos ellos dignos de que toda nuestra atención, se centre en ellos.

Por supuesto, hago "la visita" o exploración como uno más. De hecho, me tratan como un médico más e incluso me dan la enhorabuena cuando se dan cuenta de que sé bastante más "de lo normal" sobre neonatología. Todo ello solo aumenta mi seguridad y mi pasión.

Hoy por ejemplo he aprendido algo que no había visto jamás. Se llama el "Reflejo Rojo o prueba de Bruckner". Consiste en usar el oftalmoscopio y dirigir la luz hacia los ojitos del pequeño. El el fondo de ojo debemos ver dicho reflejo roso, indicativo de que todo va "relativamente bien". Una asimetría en dicho reflejo, la opacidad, que sea blanquecino, etc. Indica casi con total probabilidad patología oftalmológica como pueda ser cataratas, retinopatía, retinoblastoma, etc.

En fin, que he aprendido algo que no sabía. E incluso he preguntado acerca de cómo realizar correctamente el Barlow-Ortolani, puesto que personalmente me da reparo luxarle-reducirle la articulación cadera a un pequeño. Por supuesto, me han enseñado encantados.

El momento culminante del día ha llegado durante un traslado desde Neonatología, hasta la consulta de Cardiología Pediátrica en otro Hospital de Nápoles. La médica responsable ha pedido a mi tutor si podía acompañarla otra compañera. Ante la respuesta afirmativa, yo también le he pedido poder acompañarlas y casi nadie ha puesto problemas.

Es cierto que la enfermera ha sido un poco brusca y que cuando mi colega le ha dicho que iba yo...ha soltado a voz en grito: -"claro, sin problemas, vamos de excursión escolar". Lo cual me ha parecido no solamente brusco, si no maleducado. Sin embargo después, se ha tenido que quedar calladita al ver que actuaba de forma profesional y de que he ayudado en el proceso.

Siempre hay gente que te trata con la punta del pie, o de que por el hecho de que seas más joven, se piensa que eres un inútil o un estorbo. Lo que esta señora no ha entendido desde el principio era que yo me tomo muy en serio mis prácticas, sobre todo cuando hay bebes de por medio.

Pero bueno. Por encima de esta tontada, el traslado ha sido genial. Me he montado en la ambulancia y me he dedicado a admirar la sensación de ir en este tipo de vehículos por Nápoles. Me ha generado bastante tensión puesto que hay poco asfalto por la ciudad, y eso implicaba muchos baches y ende, que el bebé que estábamos trasladando diera pequeños saltos.

Tras casi 15 minutos de trayecto, pese a que llevábamos la sirena, hemos llegado al Hospital Monaldi. Allí hemos hecho la visita cardiológica a este pequeñin (que por fortuna, tiene un corazón totalmente sano) y nos hemos vuelto de nuevo al hospital.

Ha sido una experiencia personal gratificante, enriquecedora pero difícil. En el viaje de ida he ido sentado junto a una residente, mirando cada dos por tres hacia atrás para ver que tal iba la saturación del pequeñín. Pero la vuelta ha sido aún más angustiosa (y emocionante), puesto que he estado intentando por todos los medios, que la incubadora se moviese lo menos posible.

El resto del tiempo lo he pasado vigilando a los bebés (de hecho, la enfermera responsable de la sala se marchaba y se dirigía expresamente a mi para que me quedase vigilando), y cuidando de que no llorasen, que no les pasase nada mal. En fin, que estoy muy feliz en neonatos.

Siento que este es el trabajo que quiero hacer durante toda mi vida. Que ELLOS son una maravillosa motivación para haber hecho Medicina y para luchar por ser Pediatra. Que ojalá el día de mañana, sea yo quien pueda enseñar a otros estudiantes, la belleza de la Neonatología.

Así que ahora cada vez que escuche el peculiar ruido de las sirenas de las ambulancias...recordaré este día y recordaré este momento. Gracias Nápoles, porque tienes tus cosas malas y tus cosas buenas, pero no me arrepiento de haberte aceptado en mi vida.