viernes, 31 de marzo de 2017

El primer examen MIR real. Simulacro 5.

Hace un par de semanas realicé el quinto simulacro MIR de mi vida. No esperaba grandes resultados de él, incluso intuía un estrepitoso carajazo...y así fue. Tras enfrentarme al primer examen "real" del MIR, el que han hecho los compañeros de la promoción anterior en 2017, me volví a dar de bruces contra el suelo.

Tras unas tres horas y media de examen, más otros veinte minutos introduciendo poquito a poco la plantilla de respuestas, me dieron mi resultado: 55 netas. Patapum, pum, pum. Era algo que me esperaba. Como dije anteriormente, me lo estoy tomando con tranquilidad.

A largo plazo, me hará mucho más feliz y me conllevará una mejor experiencia de vida disfrutar de mi erasmus, que amargarme con la primera vuelta y comenzar a quemarme. Es cierto que te da mucha ventaja estudiar un poquito cada día, hacer test, etc. Pero dudo mucho que vaya a recordar todas esas horas invertidas, por encima de la felicidad de lo que hago en Nápoles.


Además, tampoco me puedo o me debo quejar. Los manuales están aparcados y alejados de mi vida, las clases online se van acumulando poco a poco y los simulacros...los voy haciendo como puedo. De hecho a lo que más partido le saco es a las correcciones del Dr. Macarrón.

Pero dudo mucho que me vaya a arrepentir en un par de años, de las decisiones que estoy tomando. Por ejemplo, estoy dedicando más tiempo a disfrutar del día a día. Estoy poniéndome las pilas poco a poco con el TFG (que espero, me quede bonito), estoy haciendo más turismo, estoy mejorando a pasos agigantados en el conocimiento de la lengua italiana, etc.

Estoy viviendo mi último año de Medicina, como no he podido vivir todos los anteriores. Ya tendré tiempo de amargarme en la biblioteca estudiando 6-8 horas al día. Ya tendré tiempo de martirizarme con los malos resultados. Ya tendré tiempo de poner malas caras, de estar de mala leche, deprimido y sin ganas ni de mirarme al espejo. Ya tendré tiempo...ahora a disfrutar.

Estos días estoy viviendo unas prácticas de cirugía chulísimas. Después de un mes por el servicio, me van dejando hacer cositas (lo cual es bastante, a nivel del sistema educativo italiano). He ayudado en un laparocele, en la realización de una PEG e incluso he podido tomar instantáneas de una de mis intervenciones favoritas: la mastectomía radical.


Todo ello acompañado de gente a la que aprecio y que me valoran, que me tratan genial. También sigo disfrutando del coro, en una semana vuelvo a las clases de italiano del B2 o del C1 (aún no lo sé), estoy saliendo de fiesta y lo estoy pasando genial, en fin...la vida.

Que sí. Que tengo un simulacro atrasado por hacer. Que si, que tengo que mirarme los manuales. Que si, que estoy en un percentil de mierda respecto al resto de mis compañeros. Pero...¿y lo feliz que soy ahora mismo? ¿y las experiencias tan chulas que estoy viviendo? Pues eso...

De hecho, mi pareja me ha demostrado que hay cosas muchos más importantes y más alternativas que hacer el MIR, que enfrascarte desde el primer año a darlo todo y perecer en el intento. Este examen sólo es una transición entre tu yo estudiante y la persona que vas a ser durante décadas, trabajando sin parar, cambiando totalmente tu forma de vida...

¿Por qué no disfrutar un poco más? ¿Por qué no explotar los últimos momentos de tu vida estudiantil? ¿Por qué no mantener la inocencia un par de meses más? Vale la pena, al menos a mi me vale la pena. Que cuando llegue el día X y si la cosa va mal, al menos pueda decirme a mi mismo: "pero y el año tan bueno que has disfrutado de erasmus". Eso no me lo quita nadie.

Ahora solo queda esperar. Seguir haciendo los simulacros, echarle de vez en cuando un ojo a las clases online más interesantes, mirar los desgloses y sobre todo...keep calm, que ya habrá tiempo de amargarse. La vida son dos días, y es mejor vivirlos felices, que agobiados. Saludos.

domingo, 5 de marzo de 2017

Caso Práctico. Daño renal por no orinar

Esta entrada será cuanto menos...peculiar y un tanto frikie. Cada vez que veo un proceso fisiológico en una persona, ya sea patológico o normal, me gusta reflexionar sobre los mecanismos que intervienen en el mismo. Es una "mala costumbre" que se ha acentuado estudiando Medicina, debido a la comprensión de este tipo de mecanismos.

Si encima, este pensamiento deductivo me lo debo aplicar a mi mismo...la cosa es aún peor. Por norma general, suelo darle vueltas al tema cuando estoy resfriado, con fiebre, me duele alguna parte del cuerpo, etc. Y trato de entender el porqué, qué está pasando en mi cuerpo.

Pero vamos con el caso en cuestión. Hablamos de una persona joven, sin antecedentes patológicos de interés y sin sintomatología aparente. Dicha persona comienza a sentir la imperiosa necesidad de miccionar debido a un proceso normal de detoxificación.

Por civismo, trata de llegar a un lugar donde poder orinar adecuadamente sin tener que ensuciar las calles. Durante el trayecto, comienza a sentir dolores punzantes en ambas fosas lumbares irradiado a abdomen, a nivel inguinal y a nivel genital que se acentúa con el paso del tiempo.

Tras sufrir espasmos dolorosos de intensidad 8-9 sobre 10, de tipo visceral, consigue llegar a un baño donde puede miccionar adecuadamente. A continuación, se tiene que sentar debido a un gran malestar general, escalofríos, sudores y unas elevadas ganas de vomitar.

Imagen obtenida de: https://goo.gl/XJelbp

Por supuesto, el signo de Giordano (dolor al dar un ligero golpe con el borde cubital de la mano, contra la región lumbar del paciente, estando este sentado e inclinado hacia adelante) es positivo, persistiendo varias horas después del suceso, junto al dolor.

El malestar general persiste. El dolor, irradiado a las zonas antes mencionadas, persiste. Ante esta situación, la persona decide reposar, beber mucha agua y esperar a que remita la sintomatología. Por supuesto, el mareo y las náuseas desaparecen tras miccionar.

¿Qué ha ocurrido? Pues bastante sencillo. Ha ocurrido una dilatación de las vías excretoras urinarias tanto a nivel vesical como a nivel ureteral. Dicha dilatación, acompañada por supuesto de un reflujo, ha derivado en una inflamación que a posteriori a perpetuado el dolor en el paciente. La dilatación del músculo liso, es la que ha provocado la estimulación del sistema nervioso vegetativo, el cuál ha respondido con el sudor, escalofríos y el aumento de las náuseas con ganas de vomitar. La clave de este proceso es: ser un gilipollas y aguantar demasiado.

Por supuesto, ante esta situación es muy difícil o casi imposible que se produzca un estallido vesical (que es lo que cualquier muggle podría llegar a pensar). Por supuesto, las posibilidades de estallido sí que son realistas cuando en una vejiga llena, se produce algún traumatismo.

Es por ello que una de las causas más frecuentes de estallido vesical son los accidentes de tráfico. Un conductor con la vejiga llena, sufre un trauma múltiple, incluyendo la vejiga que como un globo...se rasga en mayor o menor medida por alguno de sus lados. Una putada.


Pero continuando con el caso práctico. El tratamiento en este proceso ha sido reposar, beber mucha agua para mejorar el filtrado y facilitarlo, ir muchas veces al baño y por recomendación por parte de una médica, tomarte un nolotil para reducir el dolor y la inflamación.

Horas más tarde y medio litro de agua después, el dolor casi ha remitido, el malestar prácticamente no está y el mal "trago" queda para toda la vida y te recuerda que: debes miccionar siempre que sea necesario, a menos que quieras ver como...
  • Aumenta el riesgo de padecer inflamación e infección de orina.
  • Aumenta el riesgo de sufrir cálculos y cólicos renales.
  • Aumenta el riesgo de sufrir cáncer en vías urinarias.
  • Aumenta el riesgo de sufrir hidronefrosis.
  • Aumenta el riesgo de que se produzca daño renal.
  • Aumenta el riesgo de que te orines encima :)

En fin. Que horas más tarde de sufrir este episodio, varios episodios de Gotham tumbado en la cama, varias veces yendo al baño y medio litro de agua después...se ha resuelto el cuadro. Y esto es todo lo que puedo contaros sobre la dilatación, reflujo e inflamación que genera la orina cuando no se expulsa cuando te lo pide tu querido cuerpo. Ahora vas, y te meas.

Por cierto, la preparación MIR va un poco de culo. El estudio está siendo prácticamente nulo, las ganas de perder otras cinco horas de mi vida en un simulacro son aún peores, y las perspectivas de que se acabe la erasmus y tenga que ponerme en serio, no molan nada.

Para colmo, el TFG quita muchísimo tiempo si te pones con él. Menos mal que las prácticas en Nápoles están siendo relativamente leves y flexibles. No quiero ni imaginarme el calvario que debe suponer compaginar este "marrón" con prácticas infumables diarias de 8 a 15.

Y hasta aquí otra pequeña ida de olla. En unos meses divento pazzo (me vuelvo loco), y empiezo a subir historias aún más frikis, más preocupantes y ligeramente dignas de ser revisadas por un psiquiatra. Mientras tanto, espero que os haya gustado este Caso Práctico. Ciao.

miércoles, 1 de febrero de 2017

A los pequeños del Nido. A los Neonatos.

No sabria explicarlo. Ellos simplemente me miran, o lloran, o se quedan quietos agarrándome un dedo.

Ellos no me juzgan, no me rechazan, no dudan de mi. Saben que haré lo posible para que estén bien. Que los cuidaré como si fueran de mi sangre, que los querré...durante el tiempo que estén entre mis manos. Que serán prioridad.

Ella, concretamente ella, me ha destrozado el alma como ninguna otra mujer. Con sus ojos que aún no han cumplido una primavera, sus manitas aferradas a las mías y su silencio, cuando estoy a su lado. Ella.

O él, tan vulnerable. Apenas a comenzado a respirar y ya le cuesta hacerlo. Con sus quejidos suplicantes, su agitado malestar y mi preocupado terror. No quiero que le pase nada malo, no quiero que sea así. Quiero que esté sano, que llore, que grite, que coma, que respire el aire vital que necesita. Él.

Y de nuevo ellos. Que convierten una mañana de mierda, en el mejor día de mi vida. Que me dan la energía que me falta, pese a dormir poco. Que me hacen feliz, que me hacen sentir. Ellos.

Esta entrada la escribo tras uno de los días más emocionales que he pasado en Neonatología. Hoy, una de las pequeñitas que estaban en el Nido no paraba de llorar. Desde el primer momento que la oí y que me acerqué a ella, sabía que había una conexión entre ambos.

Sólo tuve que darle mi dedo, que aferró con su pequeña manita y se quedó calmada. Quieta, silenciosa, anonadada. Y su mirada me atravesó el alma como un puñal. Esta pequeña simplemente me agarró con fuerza, y se quedó mirándome. Dos pozos negros de infinita belleza.

Fue tan visceral y tan intenso lo que me hizo sentir, que tuve que intentar desprenderle su dedito...pero ¡no podía!. Lo estaba sujetando con fuerza y me daba miedo de soltarla. En fin. Me alegro mucho de estar en Neonatología y de hacer este trabajo...al menos durante un tiempo de mi vida. Si por lo que sea el MIR no me va bien...siempre recordaré estos momentos.

Mientras tanto, toca seguir disfrutando del día a día con los neonatos. Toca seguir disfrutando de mis últimos meses de libertad antes de la lucha contra el MIR. Hay que dar lo mejor de uno mismo, para que en el futuro, los mejores seamos los que cuidemos de estos pequeños.